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CECILIA SOSA GÓMEZ
Ateneo de Caracas, 25
de Mayo del 2006
"Gracias, gracias a todos los presentes en este
acto, en que por voluntad de muchos de ustedes, presento mi aceptación
a ser candidata al cargo de Presidente de la República. Esta
es una candidatura espontánea, nació independiente
de partido alguno, originada y apoyada por líderes de base,
a la que se irán sumando todas las personas, mujeres, jóvenes
y hombres, grupos y partidos que incondicionalmente compartan mis
planteamientos, que hoy expongo ante el país. Algunos la
han calificado de "veleidad", pero no, no es así.
Nada más alejado de mi carácter, de mi voluntad, de
la razón que me mueve a dar esta lucha, que supuestos sentimientos
subalternos. Mi trayectoria así lo prueba. Me he formado
para servir al Estado y a su soberano: al pueblo; primero como profesional
dedicada a trabajar en la administración pública,
después como académica y como juez. Soy abogada y
estudié y me doctoré en derecho administrativo en
la mejor universidad de un país caracterizado por tener un
Estado robusto y moderno nacido de la Revolución de 1789,
en que sus instituciones bien organizadas, estables y democráticas
son ejemplos para el Mundo, hablo de Francia y, después,
por un año, seguí perfeccionándome en el conocimiento
y administración del Estado en otra gran universidad inglesa.
Señoras, señores, toda mi vida adulta la he dedicado
a prepararme para servir a mi patria. Creo que ahora más
que nunca necesita de todos nosotros, de todos los venezolanos sin
discriminaciones de ninguna naturaleza. Todos los aquí reunidos
vamos a llamar a todos los venezolanos para que se nos unan, en
un reencuentro nacional, para hacer de Venezuela un país
posible.
Pero, si esto no fuera suficiente, hay, además,
otra razón. Soy mujer, soy parte integrante del sector más
importante de Venezuela. Represento a la combativa mujer de nuestro
pueblo, soy parte integrante de este sector mayoritario de la población
siempre ignorado y marginado. He tenido que luchar el triple, el
cuádruplo, no se cuantas veces más que cualesquier
hombre con menos calificaciones que yo, para llegar a donde he llegado.
Se como nadie lo que es convivir en un mundo de hombres, que la
primera reacción frente a la mujer es abusar de su condición.
He visto a infinidad de mujeres pospuestas por su género,
humilladas por la fuerza bruta. Todos somos testigos del trato violento
de que hemos sido objeto por años, las muertes que aportamos
a esta violencia sin fin que nos ataca todos los días, por
todas partes. La impunidad en este trato desigual y violento ha
llegado a extremos insoportables, en que grupos violentos partidarios
de este gobierno no han vacilado en asesinar y maltratar físicamente
a mujeres, por el solo hecho de participar en actos políticos
de repudio a lo que hemos considerado contrario a los intereses
nacionales. La mujer es la que dirige la casa, en millones de casos
es la que mantiene y cría a los hijos, es el único
soporte para infinidad de hogares sin padre, pero con hombres.
Con la autoridad que me da el ser mujer, he decidido
decir basta, por tantas mujeres atropelladas y vejadas, he tomado
la decisión de incorporarme a la actividad política
para abrir las puertas a la participación de millones de
mujeres en la lucha y dirección por el restablecimiento de
la democracia y la plena libertad de nuestra patria, en contra de
la intervención de otros países que, arropados en
la solidaridad de un socialismo del siglo XXI, con el apoyo de sus
servicios de inteligencia y miles de hombres camuflados en pretendidas
acciones de solidaridad han mancillado nuestro suelo, pretendiendo
robarnos lo poco de democracia que nos queda e imponernos un comunismo
anacrónico que nada tiene que ver con nuestra historia e
ideología. Queremos vivir en paz, en libertad, sin el acoso
ni la amenaza de ser segregados o discriminados por el solo delito
de pensar por nosotros mismos, por no compartir una ideología.
Vamos a luchar por el restablecimiento de un sistema
electoral que esté basado en la Constitución y en
las leyes, que esté orientado en algo tan simple como son
los parámetros que guían a todas las elecciones en
los países democráticos. Desde ya, anunciamos la lucha
sin cuartel contra un CNE, que amparado en sentencia tras sentencia
del TSJ, ha terminado por acabar con uno de los derechos más
sagrados de que gozamos los venezolanos: el derecho al voto libre,
universal, directo y secreto. Lucharemos por un sistema electoral
en que nuestra voluntad prive por sobre la de los manipuladores,
en que nuestro voto sea contado efectivamente a favor de quien lo
emitimos, en que no haya electores fantasmas, en que todos los que
votamos tengamos el derecho a hacerlo, en que el registro electoral
no esté contaminado, en que los que votamos somos los que
tenemos derecho a hacerlo, y que los inscritos sean efectivamente
venezolanos con derecho a sufragar.
Todos saben por qué digo esto
Hoy, vivimos una de las crisis políticas y económicas
más graves de la historia de Venezuela, nos enfrentamos al
desasimiento del Estado y de sus instituciones, a la destrucción
del sistema electoral, al término de la separación
de los Poderes Públicos para reunirse en las manos de una
sola voluntad dogmática y totalitaria que ha irrumpido en
la vida de todos los que vivimos en este país diciéndonos
y ordenándonos prácticamente a diario como debemos
pensar, que debemos hacer, como debemos votar y por quien, cuales
son nuestros amigos y enemigos, en que el gentilicio amable y deferente
propio de nuestro pueblo ha sido sustituido por la confrontación
entre hermanos, por el trato grosero, desmedido, intolerante y discriminatorio.
Los ataques a la prensa y a los periodistas que no
trabajan en los medios oficiales, los esfuerzos por controlar la
libertad de información, de imponer una sola verdad, la utilización
del sistema de justicia como fuerza coercitiva de disuasión
de la oposición, las violaciones sistemáticas a los
derechos humanos, como nunca antes en la historia de nuestro país
-así, por lo demás, dan cuenta los informes de los
últimos cinco años, en particular del año 2005
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los casos
abiertos contra el Estado ante ella y las medidas de protección
dictadas por la Corte interamericana de Derechos Humanos-, acompañados
de sonados casos de corrupción que quedan en la más
absoluta impunidad, en que el último, por lo escandaloso,
arropa ocultando a los anteriores, está terminando por destruir
los cimientos de nuestro más preciado tesoro: una República
heredada de Bolívar, constituida en un Estado democrático
y social de Derecho y Justicia que propugna entre los valores superiores
de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la
vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, LA
DEMOCRACIA, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia
de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.
Todos valores reducidos a cenizas por el fuego revolucionario.
Los cambios estructurales registrados en Venezuela
en este período autoritario han tenido un efecto devastador
sobre el grado de integración social del país. La
marginalidad y la delincuencia han irrumpido como un fenómeno
de magnitud desconocida en las últimas décadas. No
solo se ha producido un fuerte aumento del desempleo -abierto o
disfrazado- sino que además, desaparecieron puestos de trabajo
estables y de buena calidad, los que fueron sustituidos por ocupaciones
inestables y de ingresos variables: la de trabajos independientes
o de buhonería y en muchos otros casos, por dádivas
otorgadas a los escogidos por el régimen, a los que se dicen
bolivarianos, a los que visten de rojo. Esto ha hecho que sectores
importantes de la población que aparecen como ocupados se
han hecho más vulnerables a las fluctuaciones del mercado
de empleo o a la voluntad del régimen. Esto ha producido
una especie de marginalidad sicológica en estos sectores,
acompañada de una pérdida de la autoestima. Mención
aparte me merecen aquellos que han perdido sus empleos por razones
políticas, muchos de los cuales ni siquiera han percibido
sus prestaciones sociales, y aquellos que no logran conseguir un
trabajo digno por estar incluidos en la "Lista Tascón"
o en la perfeccionada del "Comando Maisanta" .Esta situación
me produce una honda preocupación y un gran dolor, más
aún cuando constato con consternación que los indicadores
revelan el carácter integral de una marginalidad que incluye
desmejoradas condiciones de empleo, ingreso, vivienda, consumo,
educación, salud, seguridad personal. Por eso ya no se habla
de obreros ni de trabajadores.
La marginalidad y la exclusión se ven a diario
reforzadas por el carácter discriminatorio de la mayoría
de las políticas públicas a todos los niveles de la
organización del Estado. Esta situación de marginalidad
social, de por sí difícil y compleja de manejar, acompañada
de políticas sectarias -ahora el presidente pide que no voten
por él los que no son revolucionarios- está produciendo
una verdadera desintegración social en Venezuela, que se
puede caracterizar por una situación de degradación
personal y familiar y de retroceso hacia la marginalidad para un
porcentaje importante de familias que, sin ser marginales, están
siendo empujadas inexorablemente a esa condición como consecuencia
del impacto de la crisis política y económica. Especialmente
preocupante es la marginalidad entre los jóvenes. La incapacidad
de la estructura económica del Estado, cada día más
intervencionista, acompañada de la destrucción progresiva
del sector privado se muestra incapaz de incorporar a los jóvenes
a través de ocupaciones estables a la vida productiva del
país. La proporción de jóvenes desempleados
o con empleos marginales sube cada día más en el espectro
de la población económica activa, tanto agrícola,
industrial como profesional. La generación de jóvenes
de los sectores populares que hoy están recibiendo educación
básica, secundaria y profesional insuficiente, que no pasa
de ser un barniz para paliar las ineficiencias del gobierno, a poco
caminar pasarán a engrosar las filas de trabajadores informales
o deambularán por las calles y plazas sin saber que hacer,
sintiéndose engañados y resentidos por una situación
a todas luces tremendamente demagógica, injusta y discriminatoria.
¿Qué vamos a hacer?
¡A TRABAJAR! ¡A TRABAJAR! ¡A TRABAJAR! para ganar
las elecciones, para así poder revertir esta situación
que es una tarea de todos los venezolanos, es una tarea nacional
que llama a valores éticos fundamentales sin los cuales esta
sociedad no puede pretender un mínimo de cohesión.
Vamos a unirnos en torno a un nuevo gobierno: mi
gobierno, tu gobierno, nuestro gobierno que acogerá las aspiraciones
de todos los venezolanos, sin discriminación social, política
o económica. Vamos a detener esta lucha sin sentido, que
está acabando con la salud mental, emocional y física
del venezolano. Vamos a extraer de cada rincón de nuestros
estados, de nuestras ciudades, de nuestros caseríos, de nuestros
barriadas y de nuestros pueblos las ideas y las fuerzas que impulsen
a la Venezuela moderna, a la Venezuela del siglo XXI, vamos a rehacer
al Estado democrático con instituciones nuevas, acordes a
las exigencias del mundo actual, no volveremos sobre nada del pasado
como no sea para aprender de los errores que cometimos, para desenterrar
los verdaderos valores que las historia nos enseña que son
nuestros signos distintivos, las características propias
del ser nacional, para construir una Nación basada en el
consenso, en el acuerdo de todos los elementos de la venezolanidad,
es decir un territorio común, con un pasado, historia, religión,
lenguaje, cultura, etnia comunes, que compartimos un presente y
un proyecto futuro. Con plena conciencia que de la interpretación
de estos factores y en especial en el futuro compartido es lo que
da razón de ser a nuestra lucha por construir una Venezuela
moderna, una nación que se define en función de su
futuro.
Esto solo se logra con la participación de
los ciudadanos en la formulación de los objetivos y en la
supervisión de las instituciones nacionales, estadales y
locales. Promoveré la participación de todos los venezolanos
a través del diálogo, de la concertación de
voluntades, a través de todos los mecanismos de participación
que consagra la Constitución, tal como están establecidos,
no de acuerdo a la voluntad del gobernante de turno. Mi desafío,
éste, nuestro desafío pone a prueba la capacidad de
cooperación entre quienes, además de compartir un
territorio en común, pretendemos construir juntos una nación,
un país.
Incorporar a los sectores marginados a los beneficios
del país moderno es un acto de justicia social y, además,
de racionalidad política. No podemos permitir que en un país
de tanta riqueza los pasivos sociales sigan acumulándose,
que la precariedad, el sufrimiento y la discriminación de
unos se convierta en el miedo y la amenaza para los otros. En términos
generales podemos afirmar que Venezuela se ha transformado en un
país en que todos desconfían de todos, las instituciones
sin distinción son vistas con reticencia -incluyendo a la
iglesia y a la FAN-, ven a las instituciones sociales con reticencia
y profunda desconfianza, no creen en los partidos políticos
y mucho menos en sus operadores, a quienes ya no consideran ni siquiera
"políticos", los consideran botellas vacías,
que cada uno tira para su lado para ver como se llenan, que no escuchan
a nadie, que solo hablan para ellos mismos, que se escuchan así
mismos; el pueblo, no existe. La crítica más frecuente
que se oye es: siguen cometiendo los mismos errores de siempre,
no sirven para nada.
¿Cómo podrá en estas condiciones
un gobierno democrático, mi gobierno, nuestro gobierno, dar
solución al problema y moverse decisivamente hacia su resolución,
en circunstancias que será heredero de un país en
ruinas, pero con grandes ingresos provenientes del petróleo,
en que no contaremos ni siquiera con un puente que una el principal
puerto y aeropuerto del país con la capital, porque al actual
gobierno se le cayó cuando lo empujaba, que ha sido incapaz,
después de seis años, de iniciar la reconstrucción
del Estado Vargas? por favor; se nos dice no exijamos tanto, no
pidamos tanto, por favor, un gobierno que ni siquiera ha sido capaz
de tapar los huecos en las calles, sacar los escombros y la basura,
terminar con los trabajos más elementales de embaular las
quebradas, de alcantarillado y agua potable. Un país sin
infraestructura adecuada, en que la agricultura va cuesta abajo,
la industria hay que hacerla prácticamente de nuevo, en que
las exportaciones no tradicionales no crecen, en que la arbitrariedad
ha sustituido al estado de derecho, en que los inversionistas son
satanizados y nadie tiene seguridad jurídica, ni personal,
ni salud, en que la vivienda escasea porque no se construye, en
que los médicos nacionales han sido sustituidos por los cubanos,
en que el despilfarro nacional e internacional ha reemplazado a
la inversión productiva, en que nuestra única fuente
de ingreso importante ha sido politizada y su gerencia destrozada,
en que su producción sigue disminuyendo, a pesar de los intentos
del gobierno por maquillarla. Un país en que la FAN ha sido
desnaturalizada hasta transformarla en un elemento más del
juego político por controlar la totalidad del poder.
Esta es una pregunta fundamental que, por cierto,
no tiene respuesta fácil. Será sólo posible
con nuestra participación en diciembre para ganar con nuestro
voto. Esto será realidad sólo si vamos a tener unas
elecciones realmente limpias, que reflejen la voluntad de los electores
y en la medida de que seamos capaces de forzar al CNE a cambiar
las reglas del juego tramposo que nos han impuesto, para imponer
las verdaderamente democráticas sustentadas en el voto libre,
universal y secreto. Si no logramos cambiar las reglas del juego
todo será una quimera, un sueño irrealizable. Por
esta razón llamo a las mujeres, a los hombres de nuestro
país a dar la batalla final por unas elecciones libres, en
todos los frentes, que de no darse hacen imposible este o cualesquier
proceso electoral.
Vamos a construir la Nación, Republicana y
Democrática que aspiramos, constituida en un verdadero estado
social de derecho y justicia basada en el irrestricto respeto de
los derechos humanos y en la restauración de la democracia
y la libertad. Los venezolanos hemos alcanzado en el siglo XXI el
derecho de vivir y practicar la democracia y no estamos dispuestos
a tolerar que se nos desvíe nuestra forma tradicional de
vida. El rescate y la preservación de la democracia requiere
de la participación, participación contendiente, entendida
como el compromiso ético de disponer de nuestros tiempo,
de nuestros recursos y nuestras voluntades, para hacer de la democracia
no un acto de fe sino una realización política incluyente
en la cual las diferencias, los matices y la confrontación
de ideas no sean obstáculos para el desenvolvimiento de un
sistema político que sea reflejo de las relaciones entre
gobernantes y gobernados como una consecuencia del ciudadano, en
extremo el poder ciudadano; en que la FAN no sea un actor político,
sino garante y respetuosa de la democracia, en que sus principios
y razón de ser sea el que señala la Constitución,
que esté sometida al poder civil y no participe en política,
en que sus mandos se generen de acuerdo a principios militares y
no políticos, en que el mérito y la capacidad sean
respetados tanto como el acatamiento a la Constitución y
a la ley.
Vamos a erradicar la marginalidad y la
delincuencia, incorporando a todos los ciudadanos a la educación,
a la capacitación y a la productividad digna. --La salida
de la marginalidad es dar a cada venezolano una educación
que lo convierta en una persona aceptada y solicitada en la sociedad,
con un oficio que sea necesario en la economía y en él
sea diestro e innovador.
Vamos a alinear la educación y
la producción para lograr el crecimiento tan esperado.
Vamos a modernizar el Estado, para
asegurar una cobertura eficiente, amplia e indiscriminada a los
venezolanos de menores recursos en vivienda, en educación,
en salud y en previsión social.
El Estado apoyará a las empresas
venezolanas hacia su crecimiento, su competitividad y su apertura,
para crear los empleos que impulsen el desarrollo nacional.
Vamos a rescatar y potenciar la capacidad
creativa y empresarial del venezolano.
Vamos a enfocar el desarrollo tecnológico
e informático y la capacidad de innovación a
las exigencias de nuestros mercados.
Vamos a aplicar las tecnologías
de vanguardia en la organización, expansión
y proyección de nuestro sector petrolero.
El tema de la inseguridad pública representa
el mayor azote que sufre la sociedad venezolana, y merece mi especial
preocupación. Este es un problema íntimamente relacionado
a los desvalores de una sociedad y que se reproduce y se recicla
dentro del circuito perverso de la pobreza. Es por ello que mi gobierno
orientará sus esfuerzos, con todo el peso del aparato estatal
y de sus recursos materiales y humanos, para emprender la gran tarea
nacional que desde ya llamaremos PROGRAMA NACIONAL POBREZA CERO,
a partir de la implementación de un programa nacional alimentario,
de cobertura eficaz; de un plan de capacitación laboral vocacional
y de un programa nacional de empleo masivo que estaría basado
en la reactivación de la industria en todas sus especialidades
y en especial de la construcción, en la rehabilitación
de la infraestructura nacional, en el desarrollo agro-gerenciado
del campo y en potenciar y redimensionamiento de la agroindustria
nacional. Como primera medida me propongo crear un Fondo Nacional
de Solidaridad, cuyo fin exclusivo será financiar acciones
destinadas a erradicar la miseria y la marginalidad. Este fondo
concretaría la idea de una tarea nacional, no-antagónica,
que expresaría mejor que ninguna otra el ánimo constructivo
de una Venezuela renovada y democrática.
Pero no nos llamemos a engaños, junto con
tareas destinadas al enfrentar el fondo del problema, también
usaré todo el peso de la ley para restituir la seguridad
ciudadana, mi gobierno creará el SISTEMA NACIONAL DE SEGURIDAD
PUBLICA, el cual vendría a resolver, mediante la sistematización
de los recursos materiales necesarios y humanos disponibles, la
gran calamidad nacional en que se ha convertido la delincuencia,
que afecta a todos los sectores de la vida nacional sin distingos.
Para ello, se plantea una estructura nacional de entidades encargadas
de las actividades preventivas y represivas del delito, con la participación
de las comunidades organizadas en toda su estructura jerárquica.
Construiré las cárceles que sea necesario para poner
tras las rejas a quienes delincan, incluyendo a los de cuello blanco.
Serán tratados de acuerdo a la ley, se les respetará
sus derechos humanos, y se les dará todas las posibilidades
para rehabilitarse. Usaremos las técnicas criminológicas
más avanzadas en la reeducación de estos ciudadanos.
Para lograr estas metas, orientadas al crecimiento
de Venezuela y al bienestar de todos los venezolanos, todos trabajaremos
duramente en la generación de riquezas internas indispensables,
en lo concreto significa, la recuperación de la industria
petrolera y en un gran esfuerzo mancomunado del gobierno con el
sector privado nacional e internacional para canalizar el ahorro,
destinándolo a proyectos productivos que permitan a Venezuela
insertarse selectivamente en la economía mundial, tomando
en consideración nuestras ventajas comparativas. Debemos
ser capaces de crearnos muchos nichos en una economía globalizada,
para refugiarnos y competir desde allí en la generación
de riquezas que provengan de fuentes distintas a las del petróleo,
para ello abriré Venezuela a las exportaciones, creando un
modelo exportador que sea motor del crecimiento sostenido que requiere
y anhela Venezuela.
Para la reactivación de la economía
daré un especial impulso inicial y favoreceré las
inversiones inmobiliarias supervisadas y los desarrollos agrícolas
gerenciados, la creación del Fondo Nacional de Prestaciones
Sociales y del Fondo Nacional de la Vivienda, y de algunas otras
medidas de políticas monetarias, cambiarias, fiscales, laborales,
comerciales y de precios, que reactivarán de manera ostensible,
creciente y sustentable el aparato productivo nacional, comenzando
con la industria de la construcción y el sector inmobiliario
y con la nueva agricultura y el desarrollo sostenido de la agroindustria,
con la finalidad de propiciar la creación de cientos de miles
de puestos de trabajo que eleven la calidad de vida de la población
al dotar de empleo a otros miembros de la familia que antes estaban
sin ocupación remunerada.
En síntesis, resolveremos los nudos gordianos
que impiden el reencuentro nacional en dos áreas fundamentales
(i) en lo político, mediante la definición democrática,
la erradicación de la violencia y la discriminación,
así como de la marginalidad. (ii) en lo económico,
enfrentando con decisión e imaginación los problemas
que impiden el crecimiento, mediante la resolución del conflicto
agrícola, la aceptación e incorporación de
los empresarios en las tareas de generar riqueza, en la industrialización
del país, en el desarrollo del modelo exportador y en la
generación de empleos estables y bien remunerados.
En el plano internacional daré especial
importancia a la reorientación de la política exterior,
el fin del mundo bipolar y la globalización de la economía
implica un nuevo escenario internacional que exige a Venezuela repensar
su inserción en él, globalmente, poniendo fin a toda
confrontación absurda y anacrónica. Tomaré
especialmente en consideración el nuevo sistema internacional
que se perfila, caracterizado por una parte por el cambio de la
hegemonía norteamericana hacia un sistema progresivamente
multipolar, en el que la Unión Europea, China, Japón,
Corea, India, México, Brasil y otras economías emergentes
adquieren creciente importancia, y por la otra , por el agudización
de las diferencias entre el norte desarrollado y el sur crecientemente
diversificado, en donde coexisten algunos países que empiezan
a recorrer el camino del progreso y a la integración de la
economía mundial, como Chile, Argentina, Pakistán,
y en general los del sureste asiático, mientras otros se
debaten en la miseria y los esfuerzos por la supervivencia de sus
poblaciones. La integración latinoamericana cobra en este
ambiente una renovada importancia, por ello privilegiaré
las relaciones con los países hermanos de Sudamérica,
Centroamérica y El Caribe, dando especial importancia a los
acuerdos con la CAN y el MERCOSUR, negociando las mejores condiciones
para Venezuela en un clima de entendimiento, tomando en consideración
los distintos intereses nacionales para, mediante la concertación,
llegar a acuerdos negociados que satisfagan nuestras necesidades.
Especial énfasis podré en las negociaciones destinadas
a crear un sistema de integración económica acorde
con el nuevo regionalismo. Con los países asiáticos,
en especial con las grandes economías -China, Japón,
Corea- así como con las emergentes buscaré crear y
sacar provecho de las nuevas oportunidades que se nos presentan.
Con los Estados Unidos de Norteamérica buscaré normalizar
nuestras relaciones en un clima de respeto mutuo y armonía,
entendiendo que nuestro principal socio es ese país, al que
nos unen muchos intereses pero del que diferimos en muchos aspectos.
Más allá de las críticas que nos merezca su
política internacional, insistiré en la necesidad
de que todos los Estados respetemos el orden jurídico y el
principio de la legalidad internacional, con sujeción a la
normativa que regulan las relaciones entre Estados soberanos e independientes,
cualesquiera sea la fuente en que se originan. En materia de derechos
humanos lucharé por el robustecimiento del Sistema Interamericano
de Protección de Derechos Humanos y promoveré la solución
amistosa de todas las causas que se encuentran pendiente ante esas
instancias internacionales, en los términos consagrado en
la Convención Americana sobre Protección de Derechos
Humanos y demás instrumentos internacionales aplicables.
Mi lucha contra el narcotráfico y el terrorismo será
frontal, de acuerdo a la normativa internacional que regulan estas
materias, especial atención daré al problema de la
seguridad mundial y en particular a la regional.
Yo, Cecilia Sosa, en este acto, ante Uds. Juro por
Dios y la Patria que haré todo lo que esté a mi alcance
para cumplir con este solemne compromiso que adquiero ante mi país,
ante todos los venezolanos. Sólo les prometo que tendremos
que trabajar mucho para lograr lo que nos prometemos. Habrá
momentos difíciles, de sufrimiento, de mucho esfuerzo, pero
estoy convencida que con trabajo, sudor y más trabajo saldremos
adelante.
Con fe en Dios todo poderoso, elevando las pregarias
propias de un pueblo cristiano, pero que reconoce la reciedumbre
de sus mujeres y hombres, invito a todos venezolanos, sin distingo
de raza, sexo, de opiniones, de religiones a que converjamos en
la reconstrucción del sistema político venezolano,
para que a través de un hecho político espontáneo
permitan que en relaciones interpares de mujeres y hombres iguales,
libres y en paz, podamos hacer la restauración de la democracia
de la Venezuela posible del siglo XXI.
Hoy desde este recinto de cultura y libertad como
es el Ateneo de Caracas, llamo a la unión de todas las
mujeres para que se alisten en la guerra por nuestro derecho
democrático a elegir libremente la PRÓXIMA PRESIDENTE
de Venezuela."
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