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PARTIDO FEDERAL REPUBLICANO
Movimiento político venezolano, que surge como una nueva alternativa política,
orientada al progreso social; con visión nacional, de doctrina Conservadora Social Progresista,
de tendencia Centrista, bajo principios Federales y Republicanos, comprometido con la Nación.
por las Soluciones; ¡porque sí se puede!


   Campaña Electoral: Junio/Agosto, 2006
  — Discurso Candidatural

 

CECILIA SOSA GÓMEZ

Ateneo de Caracas, 25 de Mayo del 2006

"Gracias, gracias a todos los presentes en este acto, en que por voluntad de muchos de ustedes, presento mi aceptación a ser candidata al cargo de Presidente de la República. Esta es una candidatura espontánea, nació independiente de partido alguno, originada y apoyada por líderes de base, a la que se irán sumando todas las personas, mujeres, jóvenes y hombres, grupos y partidos que incondicionalmente compartan mis planteamientos, que hoy expongo ante el país. Algunos la han calificado de "veleidad", pero no, no es así. Nada más alejado de mi carácter, de mi voluntad, de la razón que me mueve a dar esta lucha, que supuestos sentimientos subalternos. Mi trayectoria así lo prueba. Me he formado para servir al Estado y a su soberano: al pueblo; primero como profesional dedicada a trabajar en la administración pública, después como académica y como juez. Soy abogada y estudié y me doctoré en derecho administrativo en la mejor universidad de un país caracterizado por tener un Estado robusto y moderno nacido de la Revolución de 1789, en que sus instituciones bien organizadas, estables y democráticas son ejemplos para el Mundo, hablo de Francia y, después, por un año, seguí perfeccionándome en el conocimiento y administración del Estado en otra gran universidad inglesa. Señoras, señores, toda mi vida adulta la he dedicado a prepararme para servir a mi patria. Creo que ahora más que nunca necesita de todos nosotros, de todos los venezolanos sin discriminaciones de ninguna naturaleza. Todos los aquí reunidos vamos a llamar a todos los venezolanos para que se nos unan, en un reencuentro nacional, para hacer de Venezuela un país posible.

Pero, si esto no fuera suficiente, hay, además, otra razón. Soy mujer, soy parte integrante del sector más importante de Venezuela. Represento a la combativa mujer de nuestro pueblo, soy parte integrante de este sector mayoritario de la población siempre ignorado y marginado. He tenido que luchar el triple, el cuádruplo, no se cuantas veces más que cualesquier hombre con menos calificaciones que yo, para llegar a donde he llegado. Se como nadie lo que es convivir en un mundo de hombres, que la primera reacción frente a la mujer es abusar de su condición. He visto a infinidad de mujeres pospuestas por su género, humilladas por la fuerza bruta. Todos somos testigos del trato violento de que hemos sido objeto por años, las muertes que aportamos a esta violencia sin fin que nos ataca todos los días, por todas partes. La impunidad en este trato desigual y violento ha llegado a extremos insoportables, en que grupos violentos partidarios de este gobierno no han vacilado en asesinar y maltratar físicamente a mujeres, por el solo hecho de participar en actos políticos de repudio a lo que hemos considerado contrario a los intereses nacionales. La mujer es la que dirige la casa, en millones de casos es la que mantiene y cría a los hijos, es el único soporte para infinidad de hogares sin padre, pero con hombres.

Con la autoridad que me da el ser mujer, he decidido decir basta, por tantas mujeres atropelladas y vejadas, he tomado la decisión de incorporarme a la actividad política para abrir las puertas a la participación de millones de mujeres en la lucha y dirección por el restablecimiento de la democracia y la plena libertad de nuestra patria, en contra de la intervención de otros países que, arropados en la solidaridad de un socialismo del siglo XXI, con el apoyo de sus servicios de inteligencia y miles de hombres camuflados en pretendidas acciones de solidaridad han mancillado nuestro suelo, pretendiendo robarnos lo poco de democracia que nos queda e imponernos un comunismo anacrónico que nada tiene que ver con nuestra historia e ideología. Queremos vivir en paz, en libertad, sin el acoso ni la amenaza de ser segregados o discriminados por el solo delito de pensar por nosotros mismos, por no compartir una ideología.

Vamos a luchar por el restablecimiento de un sistema electoral que esté basado en la Constitución y en las leyes, que esté orientado en algo tan simple como son los parámetros que guían a todas las elecciones en los países democráticos. Desde ya, anunciamos la lucha sin cuartel contra un CNE, que amparado en sentencia tras sentencia del TSJ, ha terminado por acabar con uno de los derechos más sagrados de que gozamos los venezolanos: el derecho al voto libre, universal, directo y secreto. Lucharemos por un sistema electoral en que nuestra voluntad prive por sobre la de los manipuladores, en que nuestro voto sea contado efectivamente a favor de quien lo emitimos, en que no haya electores fantasmas, en que todos los que votamos tengamos el derecho a hacerlo, en que el registro electoral no esté contaminado, en que los que votamos somos los que tenemos derecho a hacerlo, y que los inscritos sean efectivamente venezolanos con derecho a sufragar.

Todos saben por qué digo esto
Hoy, vivimos una de las crisis políticas y económicas más graves de la historia de Venezuela, nos enfrentamos al desasimiento del Estado y de sus instituciones, a la destrucción del sistema electoral, al término de la separación de los Poderes Públicos para reunirse en las manos de una sola voluntad dogmática y totalitaria que ha irrumpido en la vida de todos los que vivimos en este país diciéndonos y ordenándonos prácticamente a diario como debemos pensar, que debemos hacer, como debemos votar y por quien, cuales son nuestros amigos y enemigos, en que el gentilicio amable y deferente propio de nuestro pueblo ha sido sustituido por la confrontación entre hermanos, por el trato grosero, desmedido, intolerante y discriminatorio.

Los ataques a la prensa y a los periodistas que no trabajan en los medios oficiales, los esfuerzos por controlar la libertad de información, de imponer una sola verdad, la utilización del sistema de justicia como fuerza coercitiva de disuasión de la oposición, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, como nunca antes en la historia de nuestro país -así, por lo demás, dan cuenta los informes de los últimos cinco años, en particular del año 2005 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los casos abiertos contra el Estado ante ella y las medidas de protección dictadas por la Corte interamericana de Derechos Humanos-, acompañados de sonados casos de corrupción que quedan en la más absoluta impunidad, en que el último, por lo escandaloso, arropa ocultando a los anteriores, está terminando por destruir los cimientos de nuestro más preciado tesoro: una República heredada de Bolívar, constituida en un Estado democrático y social de Derecho y Justicia que propugna entre los valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, LA DEMOCRACIA, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político. Todos valores reducidos a cenizas por el fuego revolucionario.

Los cambios estructurales registrados en Venezuela en este período autoritario han tenido un efecto devastador sobre el grado de integración social del país. La marginalidad y la delincuencia han irrumpido como un fenómeno de magnitud desconocida en las últimas décadas. No solo se ha producido un fuerte aumento del desempleo -abierto o disfrazado- sino que además, desaparecieron puestos de trabajo estables y de buena calidad, los que fueron sustituidos por ocupaciones inestables y de ingresos variables: la de trabajos independientes o de buhonería y en muchos otros casos, por dádivas otorgadas a los escogidos por el régimen, a los que se dicen bolivarianos, a los que visten de rojo. Esto ha hecho que sectores importantes de la población que aparecen como ocupados se han hecho más vulnerables a las fluctuaciones del mercado de empleo o a la voluntad del régimen. Esto ha producido una especie de marginalidad sicológica en estos sectores, acompañada de una pérdida de la autoestima. Mención aparte me merecen aquellos que han perdido sus empleos por razones políticas, muchos de los cuales ni siquiera han percibido sus prestaciones sociales, y aquellos que no logran conseguir un trabajo digno por estar incluidos en la "Lista Tascón" o en la perfeccionada del "Comando Maisanta" .Esta situación me produce una honda preocupación y un gran dolor, más aún cuando constato con consternación que los indicadores revelan el carácter integral de una marginalidad que incluye desmejoradas condiciones de empleo, ingreso, vivienda, consumo, educación, salud, seguridad personal. Por eso ya no se habla de obreros ni de trabajadores.

La marginalidad y la exclusión se ven a diario reforzadas por el carácter discriminatorio de la mayoría de las políticas públicas a todos los niveles de la organización del Estado. Esta situación de marginalidad social, de por sí difícil y compleja de manejar, acompañada de políticas sectarias -ahora el presidente pide que no voten por él los que no son revolucionarios- está produciendo una verdadera desintegración social en Venezuela, que se puede caracterizar por una situación de degradación personal y familiar y de retroceso hacia la marginalidad para un porcentaje importante de familias que, sin ser marginales, están siendo empujadas inexorablemente a esa condición como consecuencia del impacto de la crisis política y económica. Especialmente preocupante es la marginalidad entre los jóvenes. La incapacidad de la estructura económica del Estado, cada día más intervencionista, acompañada de la destrucción progresiva del sector privado se muestra incapaz de incorporar a los jóvenes a través de ocupaciones estables a la vida productiva del país. La proporción de jóvenes desempleados o con empleos marginales sube cada día más en el espectro de la población económica activa, tanto agrícola, industrial como profesional. La generación de jóvenes de los sectores populares que hoy están recibiendo educación básica, secundaria y profesional insuficiente, que no pasa de ser un barniz para paliar las ineficiencias del gobierno, a poco caminar pasarán a engrosar las filas de trabajadores informales o deambularán por las calles y plazas sin saber que hacer, sintiéndose engañados y resentidos por una situación a todas luces tremendamente demagógica, injusta y discriminatoria.

¿Qué vamos a hacer?
¡A TRABAJAR! ¡A TRABAJAR! ¡A TRABAJAR! para ganar las elecciones, para así poder revertir esta situación que es una tarea de todos los venezolanos, es una tarea nacional que llama a valores éticos fundamentales sin los cuales esta sociedad no puede pretender un mínimo de cohesión.

Vamos a unirnos en torno a un nuevo gobierno: mi gobierno, tu gobierno, nuestro gobierno que acogerá las aspiraciones de todos los venezolanos, sin discriminación social, política o económica. Vamos a detener esta lucha sin sentido, que está acabando con la salud mental, emocional y física del venezolano. Vamos a extraer de cada rincón de nuestros estados, de nuestras ciudades, de nuestros caseríos, de nuestros barriadas y de nuestros pueblos las ideas y las fuerzas que impulsen a la Venezuela moderna, a la Venezuela del siglo XXI, vamos a rehacer al Estado democrático con instituciones nuevas, acordes a las exigencias del mundo actual, no volveremos sobre nada del pasado como no sea para aprender de los errores que cometimos, para desenterrar los verdaderos valores que las historia nos enseña que son nuestros signos distintivos, las características propias del ser nacional, para construir una Nación basada en el consenso, en el acuerdo de todos los elementos de la venezolanidad, es decir un territorio común, con un pasado, historia, religión, lenguaje, cultura, etnia comunes, que compartimos un presente y un proyecto futuro. Con plena conciencia que de la interpretación de estos factores y en especial en el futuro compartido es lo que da razón de ser a nuestra lucha por construir una Venezuela moderna, una nación que se define en función de su futuro.

Esto solo se logra con la participación de los ciudadanos en la formulación de los objetivos y en la supervisión de las instituciones nacionales, estadales y locales. Promoveré la participación de todos los venezolanos a través del diálogo, de la concertación de voluntades, a través de todos los mecanismos de participación que consagra la Constitución, tal como están establecidos, no de acuerdo a la voluntad del gobernante de turno. Mi desafío, éste, nuestro desafío pone a prueba la capacidad de cooperación entre quienes, además de compartir un territorio en común, pretendemos construir juntos una nación, un país.

Incorporar a los sectores marginados a los beneficios del país moderno es un acto de justicia social y, además, de racionalidad política. No podemos permitir que en un país de tanta riqueza los pasivos sociales sigan acumulándose, que la precariedad, el sufrimiento y la discriminación de unos se convierta en el miedo y la amenaza para los otros. En términos generales podemos afirmar que Venezuela se ha transformado en un país en que todos desconfían de todos, las instituciones sin distinción son vistas con reticencia -incluyendo a la iglesia y a la FAN-, ven a las instituciones sociales con reticencia y profunda desconfianza, no creen en los partidos políticos y mucho menos en sus operadores, a quienes ya no consideran ni siquiera "políticos", los consideran botellas vacías, que cada uno tira para su lado para ver como se llenan, que no escuchan a nadie, que solo hablan para ellos mismos, que se escuchan así mismos; el pueblo, no existe. La crítica más frecuente que se oye es: siguen cometiendo los mismos errores de siempre, no sirven para nada.

¿Cómo podrá en estas condiciones un gobierno democrático, mi gobierno, nuestro gobierno, dar solución al problema y moverse decisivamente hacia su resolución, en circunstancias que será heredero de un país en ruinas, pero con grandes ingresos provenientes del petróleo, en que no contaremos ni siquiera con un puente que una el principal puerto y aeropuerto del país con la capital, porque al actual gobierno se le cayó cuando lo empujaba, que ha sido incapaz, después de seis años, de iniciar la reconstrucción del Estado Vargas? por favor; se nos dice no exijamos tanto, no pidamos tanto, por favor, un gobierno que ni siquiera ha sido capaz de tapar los huecos en las calles, sacar los escombros y la basura, terminar con los trabajos más elementales de embaular las quebradas, de alcantarillado y agua potable. Un país sin infraestructura adecuada, en que la agricultura va cuesta abajo, la industria hay que hacerla prácticamente de nuevo, en que las exportaciones no tradicionales no crecen, en que la arbitrariedad ha sustituido al estado de derecho, en que los inversionistas son satanizados y nadie tiene seguridad jurídica, ni personal, ni salud, en que la vivienda escasea porque no se construye, en que los médicos nacionales han sido sustituidos por los cubanos, en que el despilfarro nacional e internacional ha reemplazado a la inversión productiva, en que nuestra única fuente de ingreso importante ha sido politizada y su gerencia destrozada, en que su producción sigue disminuyendo, a pesar de los intentos del gobierno por maquillarla. Un país en que la FAN ha sido desnaturalizada hasta transformarla en un elemento más del juego político por controlar la totalidad del poder.

Esta es una pregunta fundamental que, por cierto, no tiene respuesta fácil. Será sólo posible con nuestra participación en diciembre para ganar con nuestro voto. Esto será realidad sólo si vamos a tener unas elecciones realmente limpias, que reflejen la voluntad de los electores y en la medida de que seamos capaces de forzar al CNE a cambiar las reglas del juego tramposo que nos han impuesto, para imponer las verdaderamente democráticas sustentadas en el voto libre, universal y secreto. Si no logramos cambiar las reglas del juego todo será una quimera, un sueño irrealizable. Por esta razón llamo a las mujeres, a los hombres de nuestro país a dar la batalla final por unas elecciones libres, en todos los frentes, que de no darse hacen imposible este o cualesquier proceso electoral.

Vamos a construir la Nación, Republicana y Democrática que aspiramos, constituida en un verdadero estado social de derecho y justicia basada en el irrestricto respeto de los derechos humanos y en la restauración de la democracia y la libertad. Los venezolanos hemos alcanzado en el siglo XXI el derecho de vivir y practicar la democracia y no estamos dispuestos a tolerar que se nos desvíe nuestra forma tradicional de vida. El rescate y la preservación de la democracia requiere de la participación, participación contendiente, entendida como el compromiso ético de disponer de nuestros tiempo, de nuestros recursos y nuestras voluntades, para hacer de la democracia no un acto de fe sino una realización política incluyente en la cual las diferencias, los matices y la confrontación de ideas no sean obstáculos para el desenvolvimiento de un sistema político que sea reflejo de las relaciones entre gobernantes y gobernados como una consecuencia del ciudadano, en extremo el poder ciudadano; en que la FAN no sea un actor político, sino garante y respetuosa de la democracia, en que sus principios y razón de ser sea el que señala la Constitución, que esté sometida al poder civil y no participe en política, en que sus mandos se generen de acuerdo a principios militares y no políticos, en que el mérito y la capacidad sean respetados tanto como el acatamiento a la Constitución y a la ley.

— Vamos a erradicar la marginalidad y la delincuencia, incorporando a todos los ciudadanos a la educación, a la capacitación y a la productividad digna. --La salida de la marginalidad es dar a cada venezolano una educación que lo convierta en una persona aceptada y solicitada en la sociedad, con un oficio que sea necesario en la economía y en él sea diestro e innovador.

— Vamos a alinear la educación y la producción para lograr el crecimiento tan esperado.

— Vamos a modernizar el Estado, para asegurar una cobertura eficiente, amplia e indiscriminada a los venezolanos de menores recursos en vivienda, en educación, en salud y en previsión social.

— El Estado apoyará a las empresas venezolanas hacia su crecimiento, su competitividad y su apertura, para crear los empleos que impulsen el desarrollo nacional.

— Vamos a rescatar y potenciar la capacidad creativa y empresarial del venezolano.

— Vamos a enfocar el desarrollo tecnológico e informático y la capacidad de innovación a las exigencias de nuestros mercados.

— Vamos a aplicar las tecnologías de vanguardia en la organización, expansión y proyección de nuestro sector petrolero.

El tema de la inseguridad pública representa el mayor azote que sufre la sociedad venezolana, y merece mi especial preocupación. Este es un problema íntimamente relacionado a los desvalores de una sociedad y que se reproduce y se recicla dentro del circuito perverso de la pobreza. Es por ello que mi gobierno orientará sus esfuerzos, con todo el peso del aparato estatal y de sus recursos materiales y humanos, para emprender la gran tarea nacional que desde ya llamaremos PROGRAMA NACIONAL POBREZA CERO, a partir de la implementación de un programa nacional alimentario, de cobertura eficaz; de un plan de capacitación laboral vocacional y de un programa nacional de empleo masivo que estaría basado en la reactivación de la industria en todas sus especialidades y en especial de la construcción, en la rehabilitación de la infraestructura nacional, en el desarrollo agro-gerenciado del campo y en potenciar y redimensionamiento de la agroindustria nacional. Como primera medida me propongo crear un Fondo Nacional de Solidaridad, cuyo fin exclusivo será financiar acciones destinadas a erradicar la miseria y la marginalidad. Este fondo concretaría la idea de una tarea nacional, no-antagónica, que expresaría mejor que ninguna otra el ánimo constructivo de una Venezuela renovada y democrática.

Pero no nos llamemos a engaños, junto con tareas destinadas al enfrentar el fondo del problema, también usaré todo el peso de la ley para restituir la seguridad ciudadana, mi gobierno creará el SISTEMA NACIONAL DE SEGURIDAD PUBLICA, el cual vendría a resolver, mediante la sistematización de los recursos materiales necesarios y humanos disponibles, la gran calamidad nacional en que se ha convertido la delincuencia, que afecta a todos los sectores de la vida nacional sin distingos. Para ello, se plantea una estructura nacional de entidades encargadas de las actividades preventivas y represivas del delito, con la participación de las comunidades organizadas en toda su estructura jerárquica. Construiré las cárceles que sea necesario para poner tras las rejas a quienes delincan, incluyendo a los de cuello blanco. Serán tratados de acuerdo a la ley, se les respetará sus derechos humanos, y se les dará todas las posibilidades para rehabilitarse. Usaremos las técnicas criminológicas más avanzadas en la reeducación de estos ciudadanos.

Para lograr estas metas, orientadas al crecimiento de Venezuela y al bienestar de todos los venezolanos, todos trabajaremos duramente en la generación de riquezas internas indispensables, en lo concreto significa, la recuperación de la industria petrolera y en un gran esfuerzo mancomunado del gobierno con el sector privado nacional e internacional para canalizar el ahorro, destinándolo a proyectos productivos que permitan a Venezuela insertarse selectivamente en la economía mundial, tomando en consideración nuestras ventajas comparativas. Debemos ser capaces de crearnos muchos nichos en una economía globalizada, para refugiarnos y competir desde allí en la generación de riquezas que provengan de fuentes distintas a las del petróleo, para ello abriré Venezuela a las exportaciones, creando un modelo exportador que sea motor del crecimiento sostenido que requiere y anhela Venezuela.

Para la reactivación de la economía daré un especial impulso inicial y favoreceré las inversiones inmobiliarias supervisadas y los desarrollos agrícolas gerenciados, la creación del Fondo Nacional de Prestaciones Sociales y del Fondo Nacional de la Vivienda, y de algunas otras medidas de políticas monetarias, cambiarias, fiscales, laborales, comerciales y de precios, que reactivarán de manera ostensible, creciente y sustentable el aparato productivo nacional, comenzando con la industria de la construcción y el sector inmobiliario y con la nueva agricultura y el desarrollo sostenido de la agroindustria, con la finalidad de propiciar la creación de cientos de miles de puestos de trabajo que eleven la calidad de vida de la población al dotar de empleo a otros miembros de la familia que antes estaban sin ocupación remunerada.

En síntesis, resolveremos los nudos gordianos que impiden el reencuentro nacional en dos áreas fundamentales (i) en lo político, mediante la definición democrática, la erradicación de la violencia y la discriminación, así como de la marginalidad. (ii) en lo económico, enfrentando con decisión e imaginación los problemas que impiden el crecimiento, mediante la resolución del conflicto agrícola, la aceptación e incorporación de los empresarios en las tareas de generar riqueza, en la industrialización del país, en el desarrollo del modelo exportador y en la generación de empleos estables y bien remunerados.

En el plano internacional daré especial importancia a la reorientación de la política exterior, el fin del mundo bipolar y la globalización de la economía implica un nuevo escenario internacional que exige a Venezuela repensar su inserción en él, globalmente, poniendo fin a toda confrontación absurda y anacrónica. Tomaré especialmente en consideración el nuevo sistema internacional que se perfila, caracterizado por una parte por el cambio de la hegemonía norteamericana hacia un sistema progresivamente multipolar, en el que la Unión Europea, China, Japón, Corea, India, México, Brasil y otras economías emergentes adquieren creciente importancia, y por la otra , por el agudización de las diferencias entre el norte desarrollado y el sur crecientemente diversificado, en donde coexisten algunos países que empiezan a recorrer el camino del progreso y a la integración de la economía mundial, como Chile, Argentina, Pakistán, y en general los del sureste asiático, mientras otros se debaten en la miseria y los esfuerzos por la supervivencia de sus poblaciones. La integración latinoamericana cobra en este ambiente una renovada importancia, por ello privilegiaré las relaciones con los países hermanos de Sudamérica, Centroamérica y El Caribe, dando especial importancia a los acuerdos con la CAN y el MERCOSUR, negociando las mejores condiciones para Venezuela en un clima de entendimiento, tomando en consideración los distintos intereses nacionales para, mediante la concertación, llegar a acuerdos negociados que satisfagan nuestras necesidades. Especial énfasis podré en las negociaciones destinadas a crear un sistema de integración económica acorde con el nuevo regionalismo. Con los países asiáticos, en especial con las grandes economías -China, Japón, Corea- así como con las emergentes buscaré crear y sacar provecho de las nuevas oportunidades que se nos presentan. Con los Estados Unidos de Norteamérica buscaré normalizar nuestras relaciones en un clima de respeto mutuo y armonía, entendiendo que nuestro principal socio es ese país, al que nos unen muchos intereses pero del que diferimos en muchos aspectos. Más allá de las críticas que nos merezca su política internacional, insistiré en la necesidad de que todos los Estados respetemos el orden jurídico y el principio de la legalidad internacional, con sujeción a la normativa que regulan las relaciones entre Estados soberanos e independientes, cualesquiera sea la fuente en que se originan. En materia de derechos humanos lucharé por el robustecimiento del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos y promoveré la solución amistosa de todas las causas que se encuentran pendiente ante esas instancias internacionales, en los términos consagrado en la Convención Americana sobre Protección de Derechos Humanos y demás instrumentos internacionales aplicables. Mi lucha contra el narcotráfico y el terrorismo será frontal, de acuerdo a la normativa internacional que regulan estas materias, especial atención daré al problema de la seguridad mundial y en particular a la regional.

Yo, Cecilia Sosa, en este acto, ante Uds. Juro por Dios y la Patria que haré todo lo que esté a mi alcance para cumplir con este solemne compromiso que adquiero ante mi país, ante todos los venezolanos. Sólo les prometo que tendremos que trabajar mucho para lograr lo que nos prometemos. Habrá momentos difíciles, de sufrimiento, de mucho esfuerzo, pero estoy convencida que con trabajo, sudor y más trabajo saldremos adelante.

Con fe en Dios todo poderoso, elevando las pregarias propias de un pueblo cristiano, pero que reconoce la reciedumbre de sus mujeres y hombres, invito a todos venezolanos, sin distingo de raza, sexo, de opiniones, de religiones a que converjamos en la reconstrucción del sistema político venezolano, para que a través de un hecho político espontáneo permitan que en relaciones interpares de mujeres y hombres iguales, libres y en paz, podamos hacer la restauración de la democracia de la Venezuela posible del siglo XXI.

Hoy desde este recinto de cultura y libertad como es el Ateneo de Caracas, llamo a la unión de todas las mujeres para que se alisten en la guerra por nuestro derecho democrático a elegir libremente la PRÓXIMA PRESIDENTE de Venezuela."

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